Herencia (2001)

noviembre 9, 2011 § Deja un comentario

HerenciaSartre dice que al inicio una persona no es nada sino hasta que empieza a elegir lo que quiere ser. Este acto de decisión se concreta cuando uno se encuentra con otros en la vida, y son éstos últimos quienes en las relaciones humanas que se entablan confirman lo que uno ha escogido ser en la vida. Es así que para encontrarse, uno también necesita buscarse en los demás. En el caso de los personajes de Herencia, éstos deben tomar decisiones para continuar con sus vidas y así darle un sentido a éstas. Olinda siempre está con la idea de vender su restaurante pero las emociones con las que el trabajo de toda su vida le ha recompensado se lo impiden. El joven Alemán viviendo en la incertidumbre de encontrar a su novia deberá decidir en seguir o no buscándola en Buenos Aires. El mesero tendrá que escoger entre permanecer o renunciar a un trabajo que lo aliena. La chica, en continuar con su relación sentimental. Y el pintor, en revelar la escusa que lo pone a practicar su arte todos los días en el restaurante. En la búsqueda que hacen por darle un sentido a sus vidas cada personaje fortalece sus lazos humanos con los otros, con quienes comparten sus problemas, las vicisitudes de sus vidas, sus esperanzas y pasiones. Es en el otro en donde cada uno de ellos encuentra una parte de sí mismo, una parte que han creado mientras decidían qué hacer con sus vidas.

El alemán quiere seguir buscando, no quiere rendirse, quiere superar la incertidumbre y descubre en la dueña del restaurante la esperanza que ha puesto en la vida. La chica quiere compartir con alguien la sensación de pareja y encuentra esa reciprocidad en el anhelo del alemán. El mozo quiere expresar su personalidad que termina por reproducirla en la aculturación del alemán. Y el pintor quiere el aprecio de su arte, pero no el que produce en un papel, sino en el arte de la vida, para recuperar lo olvidado, lo cual consigue con la herencia perdida que Olinda redescubre.

La dueña comparte su lugar de trabajo con el extranjero a quien aloja. En ese espacio donde no solamente se comparte lo que se disfruta al comer sino también lo que se siente por esa condición de gozar, Olinda reconoce que ella también dejó su país y se convirtió en una extranjera en busca de algo. Así ella encuentra una parte de su vida en el extranjero, y para ello la solidaridad, el cariño, la empatía que se crea con el joven Alemán, sirven como lazos humanos que confirman su existencia. Entre las mesas de los comensales, la preparación de los platos, y sobre el fondo de las calles dibujadas en lápiz y cemento, los personajes encontrarán en el otro lo que la desesperanza, el miedo, la soledad y la indecisión, les oculta de la herencia de su existencia.

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