14 Pruebas

agosto 23, 2015 § Deja un comentario

OVNIS en la Biblia

Bob Marley

agosto 19, 2015 § Deja un comentario

Cause the things people refuse. Are the things they should choose. Do you ‘ear me?

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agosto 18, 2015 § Deja un comentario

A mí me gusta correr desde abajo

Jorge Amado Nunes
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New Moon

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OBEY

agosto 2, 2015 § Deja un comentario

They Live

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Azzuharah

julio 26, 2015 § Deja un comentario

El Emperador IIIINombre dado por los árabes a Venus, a quien se le reconocía la capacidad de adivinar lo que hay bajo la tierra. Se aplica a aquel que es capaz de descubrir lo que está oculto.

Educando con el ejemplo domina el entorno con la fuerza que le provee su posición en el centro del Universo. El fuego, símbolo del conocimiento, le permite controlar y crear su realidad. Esta estabilidad se logra gracias a que lo emocional y racional se complementan y se equilibran, a la vez que se rige únicamente por sus propias reglas, leyes, sin que nadie se le imponga. Su compañía procura alivio. La constancia de su personalidad es su fuerza de atracción, la cual incrementa cuando se encuentra con otros igual que él.

FRAGMENTO DE “La rosa de Paracelso” DE JORGE LUIS BORGES

julio 26, 2015 § Deja un comentario

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retornó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.

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